Carmen, la zarzuela basada en la inmortal ópera de Bizet

Gerónimo Jiménez, Carmen.
Coro y Orquesta titular del Teatro de la Zarzuela
Dirección musical: Yi-Chen Lin
Dirección de escena: Ana Zamora
Teatro de la Zarzuela, Viernes 17 de Octubre de 2014

_FMI_carmen_168Un momento de Carmen (©Teatro de la Zarzuela)

“La propuesta escénica fue sobria, pero carente de un punto de sensibilidad y una verdadera conexión con la historia”

¿Carmen? ¿En la zarzuela? Éstas son las preguntas que los abonados y el público asiduo al Teatro de la Zarzuela se hacían en el mes de mayo cuando se anunciaron los títulos que conformarían la actual temporada 2014/2015. Tras la cancelación de la zarzuela Maruxa (prevista en versión concierto), Carmen (zarzuela de 4 actos) es la encargada de abrir la actual temporada del coliseo. Este título es el perfecto ejemplo de la política artística llevada a cabo por su actual director, quién pretende renovar el repertorio y situarlo en el siglo XXI para así, proyectarlo al futuro.

Aunque el público pensase en un primer momento que escucharía la famosísima ópera de Bizet, en realidad, se trata de una zarzuela en el sentido estricto y tradicional del término. A finales del siglo XIX, en la temporada 1887-1888, el compositor y director musical Gerónimo Giménez decidió adaptar la ópera original a la zarzuela añadiéndola diálogos hablados que se intercalan sobre la música de Bizet. La osadía es importante ya que Carmen se ha convertido en un mito de la historia de la ópera y en un mito de “lo español”. Carmen es el prototipo de mujer valiente y luchadora en un mundo dominado por hombres. Esta obra sirve de ejemplo de cómo la zarzuela no fue un género asilado y que se dejó influenciar por otras piezas del teatro musical europeo. Curioso el hecho de que sea la primera vez que se repone esta versión desde su estreno a finales del siglo XIX.

El trasfondo de la historia es una ópera (zarzuela en el caso que nos atañe) sobre la violencia de género, como ocurre en I pagliacci en donde, los celos del hombre acaban con la vida de su amada porque “era suya y sólo suya”. Este matiz de la historia es uno de los motivos de la puesta en escena de Ana Zamora cuando en los preludios proyecta sobre el telón frases célebres de mujeres pensadoras como Emilia Pardo Bazán en donde, abogaba por la libertad personal de la mujer frente a la dependencia del sexo masculino. Más difícil de comprender para el público son las frases en griego que también se proyectaban sobre el telón del teatro. Por fin un equipo artístico conformado por mujeres a la cabeza de esta nueva producción del teatro, algo que deberían aprender el resto de teatros líricos del panorama actual. A excepción de una directora de escena en una producción concreta o pequeñas intervenciones de vestuario o coreografía, la presencia femenina en las direcciones en escena es, casi inexistente.

“La orquesta hizo una interpretación formidable bajo la batuta de la joven taiwanesa Yi-Chen Lin que debutaba en nuestro país por primera vez”

Abordar escénicamente Carmen y en versión de zarzuela es siempre un reto muy complejo al que enfrentarse. La propuesta final es sobria, sencilla pero carente de un punto de sensibilidad y una verdadera conexión con la historia. A estas alturas nadie pretende una puesta en escena en cartón-piedra con la Giralda de fondo pero, la escenografía que finalmente se ha visto, es más que discutible. Se trata de una escalera que cruza diagonalmente el escenario acompañada por tres arcos de medio punto. Una escenografía que sirve para todo y a la vez, para nada. Algunos pasajes como la famosísima canción de la habanera están bien ambientados cuando, Carmen sale del fondo del escenario caminando por un pasillo conformado por los arcos creando perspectiva, consiguiendo dar la sensación de que Carmen venía a lo lejos, desde la fábrica de tabacos de Sevilla. Otro ejemplo lo encontramos en el último acto, en la plaza de toros, cuando se sirve de la curvatura de la escalera y recoloca los arcos en la parte superior.

Apuntar algunos puntos a favor como la ruptura de la cuarta pared con la llegada de varios personajes desde el fondo del patio de butacas hasta subir al escenario por una pequeña rampa habilitada en uno de los laterales del foso de la orquesta. El vestuario podría haber caído en el costumbrismo de lo “español” aunque no es en este caso, un vestuario colorido y vistoso que contrasta a la perfección con la escenografía de un color beige monocromático. La orquesta, titular del teatro de la zarzuela, hizo una interpretación formidable, con dramatismo en los momentos justos y necesarios demostrando un gran nivel interpretativo bajo la batuta de la joven taiwanesa Yi-Chen Lin quien, debutaba en nuestro país por primera vez. El público, cariñoso durante la representación, no lo fue tanto al final de la función con aplausos de rigor breves, quizás muy breves.

Mario García Pérez

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